Un viaje adentro por carretera destapada – Parte I

El aturdimiento después de la muerte.

Se terminó la espera, lo supo en cuanto abrió la puerta encontrándose con la sorpresa de que él no podía continuar. Ya había cruzado, y con lágrimas en los ojos comprendió que era un camino sin retorno. De ahora en adelante, irían por senderos separados.

Desde el otro lado hace aparición la muerte, que en su papel de vieja amiga y cómplice abraza en acto natural a ese yo dejado; y como si no fuese la primera vez ni la última, cierra la puerta tras de sí sumiéndolo todo en una profunda oscuridad. Dejándolo desnudo ante el desorden de sus pensamientos, ante la angustia de sentirse vulnerable una vez más, y finalmente; a la deriva.

– Próxima estación Cisneros – Anunció el alto parlante del tren. Descendió hasta los bajos de la Avenida Ferrocarril y emprendió camino hacia El Chagüalo; refugio de los aturdidos. Él, aún vistiendo su atuendo de asesino, tocó la puerta de un apartamento que le serviría de confesatorio y en cuya oscuridad reposaban las siluetas de dos cómplices oyentes, mientras por su cabeza aún rondaba la figura caída de un pasado.

Pálido, se introdujó ante los presentes anunciando el final de una competencia en donde cuyo contendiente habría muerto a propia mano; dándose a sí mismo como penitencia: el volver a comenzar de cero.