Selección natural

Devolverse

Recurrir al pasado es una costumbre para quien vive en el futuro. Al caminar en la delicada línea de lo que ha de suceder, el mestizo incurre en la paradoja de no tener, en efecto, un mañana. La carencia de un día ulterior no existe puesto que la presencia de un día actual solo se desarrolla como un pasado, un algo recordado, de lo que ya se fue. Lo que se es, lo que se será retorna a nosotros como un pasado constante, por ende para construir el mundo de una persona o un personaje, se debe al vez ejercitar un reconocimiento de lo que se es, dando igual el tiempo. Y dado que recordar suele ser la herramienta elemental para semejante proceso, entonces ir a ese aparente pretérito donde dice haber algo de memoria, de repente se revela como senda a eso que a futuro se paseará por la percepción. Por eso es que si uno olvida quien es, deja de ser uno. Si la toma no se graba, no se puede reproducir. Por eso hay que volver atrás, para avanzar.

Seleccionar naturalmente

La selección natural es un guiño polivalente, pues es tanto una grata analogía-ironía a la figura cientifista del ateo, como a la idea de una selección de elementos de la escritura propia, de una manera acorde a determinadas variables, en el caso del rapero, tropos, ideas, pensamientos, palabreos, referencias, y unos cuantos delirios personales, aquí ajustados por lo general a 16 barras, aunque no como un engranaje perfecto fruto de la edición exagerada de la palabra o la grabación. Es, de hecho, lo contrario: rima inédita, cruda y sin mucha cavilación. ¿De ahí lo de natural?

Rap mínimo

Los espacios delimitados suelen a menudo lograr el balance ideal entre lo conciso y lo vasto en posibilidades, en tanto cuentan con una ventaja sobre aquellos planos sin delimitación: su forma es más directa y cruda, pero a su vez el contenido tiende a soñar más cerca, sin tanta pretensión de lo que no se es. Entre más extenso el espacio para un objeto, más se siente capaz de ir a mundos donde a veces, por más que insista, no cabe. Es como si al incrementar la noción de espacialidad, se aumentara también para sus delirios, al punto de que los juglares, si no miden su cantar, los terminan convenciendo de ser bufones. No es el caso, pues aquí hay control sobre la extensión a un punto de dejar las barras mínimas para el juego del rap. Cuando se conserva un límite semejante y se es consciente de una suerte de minimalismo sobre las figuras necesarias para hacer un arte, en este caso el fraseo, entonces se alcanza un trazo depurado y firme, que no por ello se olvida de salir de vez en cuando de su propia norma, solo para querer verse en la posibilidad de lo mutante.

Naturalidad

Limitar entonces el rap a 16 barras, y dejarlas ante el espejo, todas del pasado, grabadas en el presente, y sin mucho proceso posterior. La idea es que se manifiesten en un consciencia de un futuro sin rostro pero de alguna forma audible en quien se mantiene en la resonancia atemporal de un rito tan complejo como el que se teje en los confines sónicos del código Hip-Hop. La selección natural de Granuja es este sentido un algoritmo simple pero directo: es un grito de minimalismo y destreza, de simplicidad y crudeza. Es mostrar al rapero en su naturalidad, entrenándose sin importar si es de día o de noche, grabando sin edición líneas escritas en un pasado ahora difuso por la actualización que hace la voz en el registro, pero a fin de cuentas ahí, para ser hablado. Y todo eso en pijama, cargando a la perrita; atrás una canasta de vinilos, adelante dos parlantes, un computador y una máquina de beats. El micro a su izquierda, al lado, la ventana tupida de montañas.

Granuja

No oculta lo que parece un desorden o una mezcla fortuita, pues es parte de la naturalidad misma que selecciona aquello justo y elemental. Es ahí donde el límite –sin edición, letras viejas, en tomas en cámara– se convierte en una especie de juego con el oficio mismo que se profesa, y entonces el rapero, como un alquimista, exhibe su naturalidad, incluso en la rima misma, que por carecer de mucha edición, se torna más suelta y atrevida. Su lenguaje es pura alquimia local, referencias modestas, ironía y comprensión, estirándose entre lo universal y lo particular, el refrán y el hecho, el dato y su evanescencia. Hay en las rimas del rapero constante referencia al rap en cortas frases, ideas sueltas, opinión, doxa y episteme confundidas para generar nuevas figuras de conocimiento. Es la opinión burda con la sabiduría universal, en un mestizaje abrumador, capaz de generar una metonimia profunda en los confines del sentido del oyente.

Trabas, no trovas

Es poco el tiempo pero mucho lo que dice. Que son más trabas que trobas. Que se mata escribiendo, y lo hace por el honor. Rechaza etiquetas, habla aunque a otros duela y ante sus ojos ha habido de todo. Etnografía, ironía y chiste se cuelan entre una filosofía depurada y estóica, tanto por cruzarse Séneca en alguna de las frases, como por la naturaleza de algunas máximas que habitan las barras de Granuja: «Si me busco no me encuentro, y si me encuentro es que no busqué en mi cuarto.»

Tranquilidad

El arte es graberse porque se puede, porque hace que la voz continúe. Porque «la música perdura hasta después de que podamos vernos»En la misma secuencia, en el mismo fraseo puede hablar de las mujeres, la envidia, el sancocho de gallina, y cerrar con «no porque aprenda va a dejar de ser un aprendiz». Granuja es siempre una mezcla constante de definiciones, aquí también con el reconocimiento de sus caídas, su aceleración, su búsqueda, que parece ser una tautología con el rap mismo: parte del rap y va hacia él, es el hacer la forma de ser. «El rap da la tranquilidad que casi nada puede», recuerda el MC.

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