Reconozco el agujero

Se puede empezar a escribir sin motivo, sin imagen, porque el mero acto de escribir ya es metáfora suficiente. No hay una meta clara. No hay camino. No hay lectores (o no los conozco). Sin dirección previa no hay punto de llegada. ¿Con qué objetos se chocarán estas palabras?¿De dónde viene la fuerza que las empuja?¿A qué sabe la sangre con que están hechas?¿Serán azules o amarillas?

Uno solo pregunta cuando está perdido. Un texto sin preguntas está cargado de certezas. Una conversación sin preguntas se reduce a un monólogo entre espejos que no reflejan nada. La comprensión es ilusión, paliativo, paracaídas. El otro no existe porque lo uno es imposible. Lo desconocido se parece mucho a mí. Me identifico. Reconozco el agujero. Siento el flujo constante que me atraviesa. Mientras más quiero explotar más me expando y la amenaza del derrame desaparece.

Alguien le quitó el fondo a esta vasija. Algo le dio forma a esta vasija. Alguien usa esta vasija rota, disfruta la imposibilidad de la contención. Se puede escribir sin motivo, sin imagen.