Foto por Ross

Pasos Insurrectos (I): Auto-reclutarse

Sin sumo líder

Es evidente que el gobierno actual fracasó. Por corrupto, por fálico, por anticuado, por ser todo lo contrario al pensamiento ecológico: una máquina obsoleta, que no fue construida para todxs y nunca estará destinada al bien general. Es un monstruo que mantendrá nuestras ciudades en cenizas sobre las que proyectar una fantasía de progreso que solo es al parecer un tributo al monarca y sus delirios, hoy camuflados entre las formas vacuas de un modelo de las cosas que lleva casi dos décadas destruyendo sin pudor nuestro corazón colectivo. Hoy estamos resquebrajando esa forma, quemando sus podridas estructuras, quitando la maleza. El reclamo es por ende con el líder de la nación, y se comparte con otros países de Latinoamérica, también cansados de esos señores y sus respectivas formas de gobierno, o más bien manipular, mentir, aniquilar.

Que sea una oleada de inconformidad que va desde Argentina hasta México ya es suficiente para saber que estamos ante un momento único en nuestra historia, donde plural reclama otros individuos. Lo que se respira en las calles es que estamos todxs ahí, sintiendo, llevando al hombro varias generaciones donde nos han manchado la posibilidad de utopías más justas, ecuánimes. En las de nuestros días la ternura de la vida parece no tener espacio por la crudeza del hechizo de un azar impuesto con violencia, como un ruido coordinado, una maraña de inteligencia, un desorden de cosas bellas, una espada que canta, un maldito sueño de una tierra despierta. El líder es ilusión de esta manada, una gran masa poliforme y ardida que conoce más el plural del nosotrxs porque sabe que la primera persona del singular carga la condena de una vida intranquila por vivir en la hipérbole, comprando alienación en forma de individuación, aislamiento a la manera de productos vacíos con los que relacionarse. Somos una generación que creció entre televisores, vio nacer Internet, le tocó el cambio del milenio y no solo eso, creció escuchando carros bomba de la guerrilla, y antes de eso los temblores de Pablo, y luego los del nuevo milenio, en el que se ha venido desenvolviendo un estado colmado de crímenes y denuncias, corrupto en su quehacer y atrevido en su obrar sanguinario con nuestra gente. Estamos reclamando al singular, pero desde el nosotrxs, en varios puntos, con mares de voces, gritos cautivos de una soledad reunida, de un dolor que cada uno hemos ido presenciando sigilosa o atropelladamente, viviendo en carne propia, o en el estruendo vecino, y en la ciudad adyacente, y en países circundantes, y en el pasado, y en los anhelos del mañana.

Queremos ser líderes en tanto nodos, en tanto puntos conectados, en tanto fuerzas conscientes de su inter-dependencia, de su transferencia, de las tantas direcciones de sus resonancias. Nuestra revolución es cibernética, ecológica, esto es: colmada de vínculos y distorsiones, entrelazada y saturada, distorsionada por sus fragmentos pero a su vez consciente de la manifestación de la vida como posibilidad de integración de aquello que en tiempo real se manifiesta abiertamente. Somos una textura en movimiento, un plural herido que abraza la luz en el rito del fuego colectivo y no el de la suprema forma sobrenatural de la teocracia impuesta. No nos rige un tiempo líder y somos hijos que se comieron a Cronos. Somos sus bastardxs, vivimos entre datos, multiplicados, sostenidxs en señales, perduramos sin carne: etérea es la forma de mi cabeza, un eco mi corazón, virtual el hábitat de mi cultura, todas las artes mi nación. Que no sea el tiempo el que dirija, sino el que atienda a nuestras indicaciones: que el pasado sirva para recordar por qué nos robaron el futuro, y quede este impulso presente de un lugar digno, donde un tiempo extraño nos pueda poseer. El pretérito solo habita en nosotrxs como impulso para reclamar un presente donde podamos ser sin tener el daño como pilar de nuestras agencias. Y el futuro, hoy nada nos dice porque no hay cosa que pueda señalar. Aún así, el haberlo soñado y sostenido como ideal por tanto tiempo, nos enseñó algo: que todo tiempo ulterior, será resultado de esta vida rara, que tengo ya ante mí. No hay algo por hacer para mañana, es hoy que estamos en las calles, improvisando una mística de nuestra libertad con la esperanza de que nos sirva de refugio ante las retóricas de la propaganda y nos esparzamos como un virus que ni la más cauta de las cosas logre resistir.

Rechazamos todx líder que no se haga cargo de las necesidades de la vida, que sea incompetente para lidiar con un país sediento de paz, y que en vez de contribuir, atente contra la coherencia y cierre rutas hacia el cambio. No seguimos al sumo líder: la batuta la tienen estudiantes, como dicen las arengas. Y vamos con cacerolas, sin armas sofisticadas para volarle a estudiantes la cabeza como hacen las fuerzas del estado. Por todas partes aparece la idea de que somos «la generación la que le quitaron hasta el miedo». Por eso exigimos otro lugar, sin tapujos, y sin baratijas de la rabia impuesta de hombres del odio. Buscamos romper todo lo que nos haya roto. Queremos deshacernos de formas retrógradas, quemar sus condiciones, destruir hasta la más pequeña de sus nociones injustas y asesionas. Y lo vamos a hacer con acciones intensas, no palabras vacías como las que acostumbran los discursos de quienes se atreven a creerse líderes. No seguimos al sumo líder, no creemos en él, ni en nada superior que no sea lo que podamos con nuestra vida aportar. Y estamos clarxs en no etar ad portas de un mesías, ni de alguna entidad particular que deba dictarnos la vida: hoy despertamos porque sentimos la necesidad de regir la materia por nosotrxs mismxs, bajo variables, reglas y formas conscientes de la totalidad de las cosas, de los objetos en su expresión fundamental. Nos revelamos porque así puede nuestra conciencia, y no porque alguien nos lo dijo. No estamos esperando una voz que llegue de repente a dictarnos el camino a seguir. Somos conscientes del hecho de nadar en un mar de sangre, por siglos, debido a la injusticia de una élite de atroces capitanes, que embelezados en su abominable máquina de sufrimiento, invadieron la tierra de nadie hasta sembrar el caos que hoy devolvemos a modo de resistencia cruda, de la que nace de los impulsos básicos por preservarnos con vida. Nuestra solidaridad no es un romántico ideal de unión: es un llamado reactivo a regarnos como una plaga de impulsos mutantes, extraños, capaces de hacer que todo se muera. No son giros sobre un centro, por ende no hay 180 o 360 grados. Son transgresiones sobre el kernel del algoritmo, una sacudida abrupta de los códigos de nuestra matriz, una apertura a un sitio más leve pero pacífico, un sueño despierto.

Ser plural

No seguimos al líder, porque él no nos sigue a nosotrxs. Somos todxs la corriente, no hay timón. Nos mueve la mera idea de un mundo menos desigual y en plural. Eso ya es grande, ya amerita arremeter contra todo lo que nos ha impedido una vida tranquila. Cada quien, al gobernarse, se hace capaz de darse y poner sus conocimientos y fuerzas al servicio de lxs demás, siendo líder a la manera de quien permite rutas dentro de la colectividad, unas que surgen de las particularidades de los nodos de la misma red. Somos ciborg: muchos en muchos, todxs en todxs, formas dentro de otras, cosas de cosas, lugares inciertos, estructuras nomádicas, máquinas maleables. El plural en nuestros días no podría ser otro que nuestro cuerpo telemático, muestro metro cuadrado que a su vez es infinito espaciotiempo, por ser manifestación virtual, por dislocarse en voces, imágenes, siluetas de su definición. Somos presencia múltiple, la inevitable sensación de ser formas compartidas, vidas codependientes, profundamente, aún entre diferencias, con o sin máquinas, en campos electromagnéticos, virtuales, o callejeros. Tejemos la sensación colectiva desde el aprovechamiento de nuestras redes y las interferencias que podemos ser dentro de las mismas, quizás conectores, quizás emisores. El dato dentro del ruido, líneas entre aristas, como un sol en la neblina, como lagos que son mares, que son gotas, que son agua, que es gran porcentaje de un humano. Somos muchas cosas siendo muchas cosas, somos mundos de organismos, y cúmulos de bacterias, y espacios abiertos donde cada segundo puede aparecer siendo muchxs seres. Conectémonos con la otredad, para expandir lo que siente el nosotrxs. El yo en su mutación nunca establece un ancla cierta, y más bien opta por tener la misma dinámica de un sonido. La idea de ser se difumina en siluetas de un tiempo que no transcurre, más bien corre, o medita, o raya una pared, prende fuego, o duerme, según la situación.

Luces tenues en la noche son las letras de poetas que auguraron ya las formas de esta nueva libertad. Inocente entonces todxs, por sabernos de la nada, por querernos en este vacío, por resistir, sin las fuerzas del poder que por siglos nos subyuga, y con todo lo contrario a eso que esas máquinas atroces quieren para todxs. Todas esas formas baratas que hoy destruyen el tiempo se han encargado de anular las posibilidades de mundos donde cabemos dignamente, donde más vida es posible, donde nos se corrompe lo que debe amar. Esa dilatadas fuerzas de un oscuro poder paralelo al de la superficie, hoy parecen clares y evidentes, se exponen como si fueran de color: hoy estamos saturados de saber que son ellas las que se han encargado de aniquilar, anular, e imposibilitar vías que son joyas del tiempo, rarezas de la historia, seres con ideas que han tardado años en ser confeccionadas en nuestra consciencia. Esto es evidente en la cantidad de lìderes sociales asesinadxs, aunque no para ahí.

Pensar en una persona que se encarga de liderar causas de su sociedad es pensar en el culmen de la vida más noble, una fina forma de la compasión, ejemplo perfecto de nuestra lucha colectiva, motivo suficiente para nuestra invasión. Es quien ha hecho del aprecio por la otredad su arte, y de la lucha una realidad. Pero que no sean simples mártires, porque vinimos al baile y no a sobrevivir. Que lxs líderes sociales que han fallecido por todxs maestros que murieron injustamente. Que se sepa que fueron asesinados. Que perduren sus ideas. Que la muerte de ningún líder social sea en vano. Que la de nadie lo sea. Que las cosas en general tengamos derecho a morirnos cuando así lo quiera el devenir y no cuando decidan asesinos. A lxs líderes sociales nadie les quitó la vida: ellxs ya la habían dado a la causa mucho antes de que lxs asesinaran. Hoy todxs somos ellxs, por eso no esperemos al líder, es usted mismx: solo es que reconozca su lugar.

No hay una sola tarea

No podemos quedarnos en que la cuestión sea marchar o no, opinar o no, decir o no. Está cada quien en condiciones de reconocer sus puntos más fuertes, tanto como nodo de emisión (atento a aquello qué realmente se sabe, el conocimiento que realmente se tiene, la propiedad con la que se abordan los temas de los días, etc) como nodo de recepción (a lo que se es más propenso a escuchar, con los temas con los que la sensibilidad más se afecta o reacciona, las imágenes que se construyen en el flujo mental). No existe una sola tarea, ni una sola postura. No somos masa plana, somos una rugosa manifestación. Somos un grupo de diferentes, un conjunto de cosas a veces dispares, pero unidas en causas mínimas. Es razonable que al ser colectiva la reacción de quienes habitamos el territorio, la individualidad se vea sujeta a cuestionar constantemente las formas de participación y la agencia que cada quien puede desempeñar como nodo.

En ese sentido, lo mejor que cada quien puede ofrecer es esas acciones, ideas, oficios que mejor sabe hacer, o que más conoce. A lo que se dedica. Es poner en servicio justamente lo más valioso que unx sea. Es aportar desde lo que se ama, desde lo que se vive. Es proponerse una coherencia básica: si la causa son puntos concretos basados en necesidades colectivas, por ende de individuos entrelazados en conjuntos superpuestos, lo mejor que puede hacer un nodo de esas redes, sería aportar su impulso, su energía, su arte y su profundidad, su conocimiento, su posición, lo que pueda ayudar a que se logre un cambio. No es una sola la tarea: desde la fugaz historia de Instagram que evidencia el vandalismo inducido por policías en barrios de Bogotá, hasta miles de cacerolas sonando en todas parte. Análisis de politólogos, mingas en los barrios y obras de arte; son muchas las posibilidades y lo que se puede hacer. Necesitamos hacernos oír. De todas las tareas, empecemos por parar la indiferencia, y sigamos con no callarnos. Es el momento de manifestar nuestra inconformidad. Cada quien, en su esfera, dentro de sus posibilidades, bajo su propia conciencia de lo que sucede, y sin nadie que lo obligue a nada, tiene la posibilidad abierta de auto-reclutarse.