Manuel Mejía Vallejo: una literatura que le habla a la cultura antioqueña.

Quien escribe busca enseñar a través de sus textos. Desde su forma de  narrar, describir, comprender e interpretar, se puede generar una comprensión crítica y fecunda sobre la condición humana por medio de su propia perspectiva del mundo, pero en especial le enseña a los otros,  la huella que su cultura, entorno, tiempo histórico y experiencia cotidiana de mundo le generan de manera constante, lo mismo que abre un horizonte de comprensión e interpretación de la realidad, sus asuntos humanos y la tradición literaria que no solamente suscitan un objeto de análisis, crítica y reflexión para los otros que se forman como autores, lectores e intérpretes de la obra literaria en donde consigna todos estos elementos. De igual forma abre con su obra literaria la posibilidad de hablarle a otras épocas históricas en donde habitan una serie de seres humanos distintos a los que el autor reconoce, comprende e identifica en sus textos.

En el caso de Manuel Mejía Vallejo cuando se tiene la oportunidad de acercarse a su vasta obra literaria que se compone de novelas, cuentos, poemas y en algunos casos ensayos, columnas o reflexiones en diversos medios masivos de información de Colombia, Centroamérica y el mundo, se da cuenta que es una obra en donde se aborda la identidad antioqueña desde la colonización antioqueña por parte de los colonos a la región del suroeste, como también la migración del campesino a la ciudad durante la década de los años sesenta del siglo XX hasta la actualidad, en la cual se muestra sentimientos como la nostalgia, el odio, la desesperanza, la búsqueda del sentido a la vida en otro lugar o simplemente la reinvención de la existencia en un territorio ajeno a las tradiciones, valores y legados de sus orígenes.

En la obra de Mejía Vallejo hay de igual forma una educación sentimental que se puede apreciar por medio de canciones de tangos, pasillos, bambucos, boleros y otros géneros de la música popular que se expresan en fragmentos de sus obras literarias como Aire de Tango, Y El Mundo sigue andando, La sombra de tu paso y Tarde de Verano por señalar algunos ejemplos para dárselos a conocer al lector.

Manuel Mejía Vallejo le habla a la cultura antioqueña, quiere dar a conocer una aproximación a la experiencia de la vida mediante la lectura de sus textos, compartirle al lector perspectivas de pensamiento que plantea sobre el concepto de cultura, la identidad antioqueña, la condición humana, es definitiva,  darle a conocer al lector una literatura que es fruto de una comprensión e interpretación de la tradición paisa. Varón (1989) nos dice al respecto que:

«A Manuel Mejía Vallejo suele asociárselo con su provincia natal, con Antioquia; con la historia, con la cultura, con el talante del hombre antioqueño. Supongo que la afirmación no ha sido examinada a fondo por nadie; la discusión de cuánto hay de la propia tierra de Mejía Vallejo en su obra no la ha ejecutado la crítica (académica o de otro tipo); pero la certidumbre general (no descompuesta racionalmente o de otra forma) es que Mejía Vallejo procede de la tradición antioqueña.«

Hay decir que la obra de Mejía Vallejo es objeto de tradiciones y rupturas en la literatura colombiana y en especial en la antioqueña del siglo XX, pues algunos de los asuntos que convergen en ella son también objeto de culto dentro de la tradición literaria antioqueña como la colonización, la violencia, las costumbres del hombre antioqueño como fruto de sus formas de pensar, sentir y actuar que le generan un  ethos de tradición entre seguir estando en el pasado que se encuentra inserto en la tierra, el pueblo, la casa, los relatos de la tradición oral, o por el contrario, constituir sus costumbres en una ruptura de sí mismo que se da en el habitar en la ciudad gracias a la música popular, las mujeres de la vida alegre y las juergas entre los amigos en distintas latitudes del departamento de Antioquia.

Un fragmento de la novela Y el mundo sigue andando (1984) que devela una forma de comunicación que desde Mejía Vallejo se puede gestar:

«De todas maneras la gente no se entiende. O había nacido para fugas distintas de las obligatorias tipo casero y parroquiano. Nos prohibían el extravío y la equivocación, pero   se dislocaba la verdad revelada, caía sin la previa condición del error y el extravío. Verdades tan rotundas como una mentira cualquiera, si era presuntuosa verdad. O la mentira. El descubrimiento vendría tras la desazón del camino, de la escogencia errada de tantos caminos que llevaban a idéntica vanidad.»

Vale la pena señalar que la literatura de Manuel Mejía Vallejo le habla a la cultura antioqueña, porque cuestiona las transformaciones que tiene el hombre antioqueño desde sus modos del ser, sentir y actuar cuando se encuentra en el campo y en la ciudad, pero al mismo tiempo, lo cuestiona a hallar el sentido de su propia existencia como una búsqueda individual sin dejarse llevar de los otros, pero ante todo, sin importar las consecuencias que esto le conlleva al realizarlo.

El hombre de la cultura antioqueño en muchas ocasiones se muestra guapo, tenaz, aguerrido e intrépido a la hora de dejar su casa, su historia, su memoria y olvidarse de su pasado para construir un presente; pero en ocasiones, estos aspectos se convierten en una mentira y desmantelan a un hombre con miedo, vacío, banal, ambicioso, mezquino, materialista, que no es capaz de asumir un riesgo sin esperar ganar algo a la hora de hacerlo.

Manuel en cada una de sus palabras devela, suscita, confronta y cuestiona a un hombre que por su condición de finitud le da miedo dejar lo suyo para explorar otros lugares, indagar otras tradiciones, lo mismo que redireccionar el camino que tiene para su vida. Aún así, también enseña al intrépido, arriesgado y aguerrido que desafía a todos y se va de Antioquia para descubrir en el camino el sentido de su propia existencia en el mundo, pero en especial, sin importarle si el camino en donde anda es real o más bien es una ficcionalización suya para extraviarse de esa pequeña parte del mundo que es Antioquia o Medellín. En su cuento De viajes y de muertes  también señala otro aspecto que le habla a la cultura antioqueña:

«Abajo, un hombre desdibujado subía el acantilado sin playa. En el extremo de su cuerda, un perro pequeño anudaba su temperatura a la extraña temperatura del hombre. Yo acostumbrado a esas fugas, y Pedro tenía aire de fuga; parecía salido del sueño de un fugitivo que después olvidara su sueño. El perro lo seguía. «

El hombre de la cultura antioqueña si se leyera desde este fragmento del cuento, podría decirse que crea, piensa y construye un ideal de sujeto, cultura, sociedad y representaciones simbólicas que gracias a la literatura de Manuel Mejía Vallejo, se puede reconocer, comprender e interpretar como una lucha constante entre aquello que se ve en la vida cotidiana  como algo parece poco verosímil a la luz de nuestros ojos, pero que en la realidad resulta ser una idealización de unos pocos para evadir la extrañeza, la fascinación y el asombro que soñar puede generar en el mundo real, pero en especial olvidar la sensibilidad para ver la vida desde la sensibilidad. Sin embargo, en su cuento Dos instantes en el espejo (1975) hay otro planteamiento que también abre la frontera de pensar la realidad y la ficción como formas de hablarle a la cultura antioqueña:

» No se asombró. Desde antes dejaba la mirada en las cosas; si la llamaba, ponía lentamente los ojos en mi dirección, y parecían hermosamente ciegos: la mirada se quedaba en la última cosa que hubiera fijado su atención.«

A partir de lo expuesto se podría decir que Manuel Mejía Vallejo desarrolla una mirada del mundo en lo cotidiano, pues es allí en donde reside lo auténtico, lo propio, pero en especial, el ser humano se muestra como es en verdad en cuanto a sus formas de saber, pensar, sentir y actuar consigo mismo y los otros. Es por esto por lo que cuando leemos sus obras literarias nos vamos a encontrar con un autor que se asombra con un niño, una mujer, un anciano, un guerrero o también con la persona que deambula por el mundo. Una causa que genera que la literatura de Manuel Mejía Vallejo le hable a la cultura antioqueña, se ve detalladamente observada por Urrego, cuando plantea:

«Hay en el corazón humano un impulso de transformar los recuerdos en palabras. Contar lo que ha pasado hace muchos años, armar una historia de reminiscencias, se puede explicar como una necesidad, una urgencia que lleva inevitablemente a valorar el diálogo como parte fundamental de la condición humana. Los cuentos que se trasmitían oralmente, de generación en generación, dando bases sólidas a toda una cultura sin hacer uso de la escritura, son muestra de esta tendencia. Así como también lo son las aventuras que narran los viejos o los sabios al lado del mar, alrededor de una hoguera, en la mesa del comedor o en la cantina, momentos que los niños y adultos anhelan, a tal punto que se han convertido en escenas repetidas una u otra vez en el cine y en la literatura, donde actúan como símbolos de la memoria. «

En otras palabras, quien lee a Manuel Mejía Vallejo, lee e interpreta su experiencia de mundo hecha palabra, historia, diálogo, su condición humana, su tradición estilística, influencias literarias, lo mismo que el legado de sus ancestros hecho texto en cada una de sus obras, pero en especial, la capacidad que tiene el autor para ficcionalizarlos en el papel para que el lector no note que en verdad fueron asuntos cotidianos vividos por otros en la vida real.

Desde una perspectiva académica por así decirlo valdría la pena hacernos la pregunta ¿Qué nos podría comunicar la literatura de Manuel Mejía Vallejo para hablarle a la cultura antioqueña? La respuesta en este caso se da a través de esta afirmación de Ardila (2000) que es:

«La pregunta entonces es: ¿Cómo se lee desde una perspectiva simbólica? El objetivo es la interpretación del texto a partir de uno o varios elementos cuya capacidad simbólica estén, de alguna manera, determinada en el contexto. Tal tarea implica que el lector debe aceptar, como ya se enunció, que el sentido del texto no podrá hallarse en el diccionario o código alguno, sino por el contrario que debe estar constituido a partir del texto y mediante la correlación de éste con diversos ámbitos de la cultura.»

Si el lector lee e interpreta la literatura de Manuel Mejía Vallejo a la luz de una perspectiva enciclopédica lo que tendrá con ella es una desilusión o más bien un desvío en la comprensión, puesto que la tarea de este autor y su obra más que abrir asuntos académicos, lo que busca es enseñar como el contexto cotidiano encarnado en personajes como Claudia de La sombra de tu paso,  Efrén Herreros en La casa de las dos palmas, Paula Morales en Tarde de Verano o también José Miguel Pérez en El día señalado, más que darse a conocer como personajes ficticios, el lector debe tener la perspicacia de detectar que a lo largo de la historia de Colombia han existido en muchas regiones del país personajes iguales o con verosimilitudes a los anteriormente señalados, pero en especial, son ellos quienes los proveerán de un código lingüístico a nivel idiomático para hallar el sentido del mensaje que su creador le quiere comunicar a la cultura antioqueña, lo mismo que son estos, quienes por medio de roles culturalmente instituidos en su tiempo histórico todavía tienen para decirnos a nosotros como antioqueños del siglo XXI.

Por otro lado, como lo señala Ardila, lo importante en este caso, más que recitarse los pasajes de las obras literarias, es apropiarse del contexto, tiempo histórico, apropiaciones lexicales, su ethos, capacidad narrativa y simbólica del autor utilizada en la obra para recrear las tramas que allí acontecen.

En conclusión, la literatura de Manuel Mejía Vallejo le habla a la cultura antioqueña siempre y cuando nosotros tengamos una escucha atenta y constante del mensaje que ella nos desea comunicar, pero en especial, si asumimos la tarea de hallar ¿Cuál es el destino de cada mensaje según los intereses de cada lector? De lo contrario, lo que estaríamos haciendo es una lectura académica que no tendría sentido y se quedaría solamente en una perspectiva de pensamiento que no indaga por la educación sentimental que es uno de los fines de la literatura antioqueña.

Bibliografía

Ardila Jaramillo, A.C. (2000) Casas de ficción. Medellín: Eafit

Mejía Vallejo, M. (1975) Las Noches de la Vigilia. Bogotá: Procultura

Mejía Vallejo, M. (1984) Y el mundo sigue andando. Bogotá: Planeta

Mejía Vallejo, M & Mutis, Á. (2013) La intacta memoria de otros días. Bogotá: Alfaguara.

Urrego Arango, E.M. (2016). Manuel Mejía Vallejo, narrador del recuerdo. Escritos, 24(52), 89-114.

Varón, P. (1989) Manuel Mejía Vallejo. Bogotá: Procultura.