Auditum: La necesidad de escuchar

«Nuestra primera propuesta sería cambiar la palabra [sonido] y llamar auditum —participio pasado neutro, sacado del latín audire y que quiere decir «cosa oída»— al sonido en tanto que percibido, dejando, en principio, la palabra sonido para los técnicos y los especialistas en acústica, pero también para el lenguaje corriente, que no vamos a pretender reformar. […] El auditum es el sonido en tanto que sonido percibido, sin confusión posible con la fuente real (o el complejo causal que es su fuente), ni con los fenómenos vibratorios que estudia la disciplina llamada acústica. A diferencia del objeto sonoro de Schaeffer, el auditum es objeto de todas las escuchas —reducida, causal, figurativa, semántica, diferentes niveles de aprehensiones a la vez ligados e independientes— , y debe distinguirse bien de esas escuchas que apuntan hacia él y de las que es el soporte. «

– Michel Chion

Lo que nació hace cinco años como celebración del día de la escucha –impulsada mundialmente por el World Soundscape Project–, se convirtió paulatinamente en un llamado más extenso a eso que llamamos escuchar. Por eso decimos auditum, como una manera de augurar lo escuchado y no necesariamente lo dicho, de tal forma que haya más espacio para tanta palabra que deambula en estos tiempos de dicotomía y logomaquia. Decimos auditum como ese espacio para la oportunidad de una tierra que hoy se funda entre la resistencia y el reto del realismo que la voz tiende a ocultar o mostrar según la paciencia de quien oye. Decimos auditum en esta ciudad que pese a dárselas de fénix progresista y pese a no poder escapar de su conservadora tendencia, está quieta, silente ante su propio rumor. Decimos auditum aunque el estruendo de su maquinaria mezquina se extienda hasta donde no habían llegado antes los ecos de esa fantasía industrial que otrora fraguaron los hijos de América. Decimos auditum, aunque la vida se va junto con una democracia que quizás nunca llego a habitar estas tierras; aunque el ruido sea tan evidente, aunque todos hablen, aunque tantos griten, aunque a tantos callen, aunque parezca imposible el silencio; aunque no parezca haber un espacio de escucha; aunque no halla posibilidad para la quietud; aunque tantos se esmeren en el daño. Decimos auditum aún si nos llegan a prohibir también el acto deliberado de escuchar, como acto de asumirse en nada siendo nadie, abierto al mundo que se debate en los ecos sin tan siquiera entrometerse en el drama de la materia. Auditum aún cuando no nos quieran escuchando.

Auditum, eso escuchado, aquello de la escucha en sus tantas rutas posibles; eso propio del impulso de lo que es oído. Auditum como algo más que mero sonido, como algo más allá de la mera acústica, tampoco del todo lejos en la profunda acusmática. Auditum como intersticio, como estrato de sonoridad, como lugar del sonido imaginario, como espacio fugaz para la multiplicidad de lo real, para el encuentro con las diferentes vertientes de lo que somos entre ecos. Auditum como apertura a nuevos universos, invisibles, intangibles, incosificables, ávidos en libertad, en tiempos donde la materia y la forma ya no parecen tan rígidas, tan inminentes, tan sólidas. Auditum en una época donde la vida pende de voces, unas furtivas, otras anuladas; otras quizás demasiado encima, demasiado evidentes. También las habrá que invaden, conquistan, dominan. Otras abren, liberan, extienden. Todas voces entre la escucha y el silencio, todas auditum aun cuando solo sean siluetas del imaginario y la memoria; todos esos ecos, todas esas posibilidades instantáneas y tempiternas de una escucha que nunca concluye, como el hálito de un tiempo sin días, como la estructura de una dimensión soñada, como la dinámica de una ilusión. Auditum como el ímpetu del silencio.

Auditum – Semana de la Escucha, Medellín, 2018

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