Señales

Emancipación sónica (II) – Memorias residuales

Reconocimiento

A veces no basta con acceder a los mundos concretos del subsuelo: hay que crear unos nuevos, hay que proponer algo diferente, aunque también vaya a mutar como la gran película. Pero basta con reunir las fuerzas que no suelen hacerlo para comenzar a configurar otros territorios, como quien apunta a una cartografía abstracta en la sonoridad, como dejando a la escucha desarrollar e interpretar la idea misma de ciudad y de paso vislumbrar nuevas formas de la expresión individual y su incidencia en el tejido colectivo, donde la creación de algo, se da desde la hibridación y el contacto con lo diferente o desconocido, y no desde el confort que acostumbra ofrecer lo que ya se sabe o es igual.

Reclutar

Con motivo de la dimensión ritual que presenta el Freedom y su andamiaje cultural, se da una acostumbrada jornada académica, donde se suele realizar alguna acción específica precisamente en torno a esa unión de fuerzas para la consideración del territorio desde la exploración musical y la ficción sónica. En la historia del festival la idea ha pasado por diversos desenvolvimientos: desde charlas con DJs y productores hasta actividades más experimentales como la que se propuso este año como otro previo a la reconfiguración territorial que el rito del Freedom representa para el continente subsónico.

Cerca de 20 músicos electrónicos locales fueron entonces convocados a FM, un estudio en Santa Lucía donde varias salas se dispusieron para que se encontraran voces que no suelen trabajar juntas. Entre las posibles dicotomías de un estilo y el otro, el desconocimiento de los métodos mutuos o el flujo de un trabajo que apenas se desarrolla, se fueron así cada uno encontrando, combinando, mutando. De hecho tenían todos una tarea previa común: realizar grabaciones de campo de su barrio, para juntarse por zonas a experimentar en torno a esos sonidos y buscar música electrónica en esos paisajes fruto del residuo del sonido y la memoria de la escucha.

Enjambre

Cada sala una nave, cada encuentro de voces, un sonido nunca antes presenciado. Y en las grabaciones que todos iban tratando, tanta materia sonora por moldear; sin referencia en unos casos, siendo textura, melodía, resonancia sin relación al contexto pero generada completamente a partir del mismo. En otros momentos todo lo contrario: vibración colmada de referencia y contexto, donde es evidente la relación semántica o cultural y la vida cotidiana expresada en el sonido. Entonces en las grabaciones que se van juntando, se alcanza a escuchar un Medellín donde sucede tanto que no termina pasando nada más que un mundo de puro sonido: el pregón de quienes viajan la calle vendiendo alimentos y en este caso prestan su voz para tejer los ecos abstractos de una melodía; gente que camina y conversa en su cotidianidad y termina sirviendo de textura digital en un track; buses que aportan frecuencias para hacer un bajo, un río entre fábricas que se suma al ritmo, insectos bailando entre kicks de una TR, el palpitar de tres motores, la lluvia, un avión, el golpe de una caneca, el grito de un zoológico, la melodía de un pájaro, el espacio de una tarde de Domingo en cualquier esquina de Belén, un perro que llora, la energía del centro en hora pico, un refrigerador, dos plantas chocando sus ramas, una persona cantando, un túnel, una puerta o dos aves que luchan a punta de lineas acústicas.

Memoria residual

Las grabaciones se proponen aquí como memorias residuales, como espacios abiertos a la especulación que a la vez portan pedazos del territorio en tanto lo retratan, llaman, contienen y articulan. Una grabación de campo es también un campo desde la grabación, un espacio creado desde datos que se le suministran a la escucha. Por eso cuando nos reunimos a juntar residuos de eso que suena en el aire es posible intervenir el panorama con manifestaciones de la escucha que buscan ciertas rutas que antes no se habían dado. Así se va moldeando la memoria a medida que se va transformando la voz que sucede en la escucha y entonces la música electrónica es de repente una forma de considerar otra ciudad, grabada, alterada, improvisada en la deriva sónica.

Levitar

Hay un momento donde todos se encuentran más a fondo y entonces comienza a temblar la tierra. Unos en el micrófono jugando con voces, otros pasando por máquinas las grabaciones de los barrios; algunos permitiéndose una sencilla improvisación de teclados sobre el paisaje, pero a fin de cuentas, todos sumergidos en un espacio único donde el territorio habla de otras maneras con sus habitantes, aquí oyentes comprometidos con la construcción de un tejido único de sonoridad, un movimiento capaz de atravesar la rigidez de la separación y permitirse reaccionar mediante la creación de algo nuevo.

Hablar

En el marco del rito general, el proceso de las memorias residuales se presentó en un evento dos días después del encuentro en FM. Allí cada uno de los grupos compartió publicamente los resultados del experimento, dejando espacio también para dialogar acerca del proceso. La conversación se desarrolló entre Jose GMID -artífice del festival- y el maestro Cope -melómano del equipo de Thump en Español y gran conocedor de la escena local-, quienes pusieron sobre la mesa varios temas interesantes como el nacimiento del festival gracias a la iniciaciones de Jose Luis con maestro de la talla de Juan Atkins en el festival de Detroit, ciudad relacionada con Medellín, gracias a las variables industriales y sociales que las conforma a ambas, pero ante todo esa religión del techno que practican en común.

La idea del Freedom como ritual se va haciendo así más clara y nos podemos quizás hacer a una imagen de lo que viene en los siguientes dos día: un encuentro familiar, de todos con todos en torno a la música electrónica, incluso más allá de posturas personales. No se trata únicamente de encontrarse para el libertinaje y la euforia, sino para la creación y la amistad, el diálogo y el conocimiento, la cultura y el entorno. Es una constante en el festival: una preocupación más por la persona y su mundo, que por el consumidor y su dinero. Y por ello siempre la preocupación por lo académico, lo informativo, la construcción de un tejido que pueda y quiera ir más allá de hacer fiesta, que se atreva a dibujar lo que el pincel de promotores: cultura y ciudad.

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