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Antioquia futurista en 30 canciones de 2017

Foto por: ross

Una Gran Máquina audiovisual se construye en las planicies elevadas del éter y es sintonizada entre las montañas, donde cabe todo lo imaginable en cualquier sueño y cualquier vigilia. Toda la estructura es sustentada por la lucha heredada de una ciudad-maraña, conservadora y mezquina, interesada en un juego de poderes subrepticio que transgrede la materia, los esquemas, las leyes. Es una suerte de plataforma donde acontece toda la película del mundo y se proyecta en sus territorios singulares, abriéndose como espacio para la fecundación epistémica y la apertura del lenguaje desde la música, arte que ostenta el trono dentro del resto de códigos, principalmente a causa de su cercanía con el kernel, su siempre inesperada forma de configurar la realidad, que le permite acceder a la mayoría, sino todas las zonas, del cosmos.

Esto es probablemente por el factor acusmático, es decir, por esa deriva del universo que es meramente escuchada, por esa dimensión que es meramente sónica. La música es la única capaz de asomar su alquimia en el estrato invisible de todo cuanto vibra, en la meseta inmaterial donde habita la vibración desnuda, diosa y directriz de los tiempos, emisora del espacio, fuente del impulso primigenio, de donde se articulan discursos, canciones y señales que terminan siendo mundos tan evanescentes como el eco que producen. Su presencia es inevitablemente la emergencia de una actitud en torno a la fuerza sónica como algo más que un mero sueño acústico: su intención es ser real, ser materia y reaccionar a la utopía que propone la lógica acústica.

La materia en este sentido siempre tiende a lo evanescente y a la creación en tránsito, en tanto al emitirse siempre crea algo, siempre re-suena; logra convertirse en una posibilidad de inagotable tratamiento, no solo por la riqueza tecnológica con la que goza la música en la era post-digital, sino por los alcances de la escucha fuera y dentro del contexto. Se configuran así otras regiones de lo que es posible en el auditum, de aquello que habitamos en la escucha, de lo que se alcanza a ser sonoramente. Nacen de allí individuos de toda índole, en universos inagotables dentro del paisaje sonoro de ese espacio dominado por la escucha y a donde la materia solo accede por mito. El oído, por su parte, vive de forma directa la suposición, y entonces la metáfora se vuelve una máquina del tiempo en la sonoridad, como en el rap: los hay cantando coplas nuevas para reaccionar ante las injusticias, como los hay en los tribunales creando fachadas retóricas. Se mueren los héroes y la ciudad-máquina se vuelve un entorno de exitosos, progresistas, industriales, pero entre voces, todo sigue en la misma batalla.

Y entonces el valle se vuelve comerciante, y entonces la borrachera de querer más objetos al punto de construir la fábula consumista más exquisita, donde las personas  operan para tributarle a un gran sujeto extraño que se supone institución del pueblo, pero termina en muchos casos siendo tan oscuro como una banda criminal. En semejante inversión de lo que se supone deberían ser las cosas, está Antioquia sola, con la luz apagada, diseñando su silueta distópica, dispuesta a ningún orden establecido; incapaz de decir que tiene una ley y más bien forzada a confesar que la heterogeneidad de los poderes que se juegan el territorio, legitima una suerte de mundo inconcluso, un espacio donde las cosas no son de una sola forma y más bien obedecen a impulsos dispares, esquemas más avanzados en términos del entrelazamiento de cuerpos, aquí hechos señales, dispuestas como ecos, con la única intención de quebrar ideas, arquetipos, edificios del tiempo, imaginarios del uno o del otro.

Y aparece ese paraíso del mundo musical como un espacio lleno de posibilidades y rutas, que son al mismo tiempo abismos o trampas, según el caso, según el tiempo, según la risa, según el radar, según el disparo, o la calma. Dentro de la Gran Máquina son muchas las fuerzas que se debaten, bajo diferentes intereses y con destinos tan variopintos que vano sería intentar categorizar. En vez de la razón suficiente busquemos el espacio abierto de la estética y tratemos de indagar en sus fuerzas, que en gran medida son milicias, en muchos casos opuestas o completamente desconocidas entre sí. Así como ciertas fuerzas se encargan de controlar los impulsos individuales y colectivos, otras establecen muros de contención. La estrategia mutua es la construcción de artificios, mecanismos, malware: colándose en las consciencias de la una y la otra, buscando acceder a toda la red, habitando casi orgánicamente en lo virtual, pues es bien conocida su presencia en cada esquina, auricular, pantalla o abstracción audiovisual. Sin embargo, más allá de su virtuosismo programático y su forma elegante de aprovechar diversos formatos de expresión sónica, la capacidad estética de los que juegan al poder en la Gran Máquina no es gran cosa, ya que la energía que tienen que invertir en saciar la sed de más cosas, no les permite cavar al suelo más hondo donde no se necesita nada. Son sordos de ser, faltos de germen, pailas sin grasa. Se quedan extrayendo petróleo cuando podrían ir más hondo, hasta encontrar la resonancia de esa ciudad de nadie, donde todas las posesiones son rastros.

Los mecanismos de los agentes sónicos de la utopía son predecibles y a menudo llenos de fallas, y así hackeables desde la oposición reactiva. Por ello la principal tarea de quien se lanza en oposición a la macro-estructura es saberse colar, grieta tras grieta, hasta el kernel. Generando esquizofonía, dislocación, inestabilidad para la telaraña total, que se traduce a su vez en estabilidad micropolítica, o al menos en más grietas posibles en las que la comunidad sublevada pueda objetar y armar su nicho. Y entonces cualquier frontera, mecanismo, ley, género o categoría, se vuelve mero momento, mero enlace. Y entonces todas las formas de la Gran Máquina se muestran como solo códigos, deshechos de entrada, en tanto son fabricados bajo las mismas leyes que en reversa lo pueden deconstruir, al punto de abrir todas sus puertas o al menos saber que puede alcanzarlas.

En un juego semejante, las grietas que primero han de aprovecharse radican precisamente en la apropiación de nuevos lenguajes, códigos reaccionarios, contra-algoritmos. Y crear música se vuelve allí una suerte de ingeniería inversa de la realidad misma, que se descodifica en la ecuación de un beat, en la liberación de una pista de baile o en el flote abstracto de una guitarra diluida en un páramo. Y desde la ficción sónica creada por esos sonidos se arma otra Antioquia, otro Medellín; donde al igual que en tantos otros puntos del espacio, hemos entrado en un período diletante de conversión al ciborg, para algunos obligado, para otros necesario. Otros ni se inmutan, no saben lo que está pasando y simplemente atienden al festín del día día, a la deriva y la evanescencia. Pero cuando avancen las tecnologías, será más y más evidente. Cuando nos absorba el juego con el tiempo, y cuando seamos incapaces de distinguirnos del holograma, ahí en ese momento, no habrá otra escapatoria que explorar los municipios virtuales, los pueblos fantasma, la franja limítrofe; desentrañar los puntos que subyacen lejos del ruido del mundo de la superficie y más bien se ocultan en las capas intramundanas de la cultura, bien sea como bombas masivas que terminan siendo habituales, o rarezas sónicas que sólo unos cuantos entenderán en una dimensión que le haga honor a la creación. Algunos se quedarán creando mundos, otros quizás solo se quedarán buscando en la máquina misma aquello que se ha perdido en los espacios, armando un pueblo imaginario, hábil para narrar la materia al tiempo que la sabe auscultar en sus formas intangibles.

Pero no temer: la oscuridad no impide la escucha y más bien la potencia. Y entonces en la máquina audiovisual que sustenta el otro mundo, no solo se muestra una utopía sino muchas: tantas como oídos oyendo, tantas como ecos de los ecos, todos colapsando con todos, en una pugna natural de la vibración, que no compite con el silencio porque lo habita y logra simbiosis básica, cosmogénesis. Y entonces se construye una dinámica reactiva ante la sociedad, ante el mundo, ante las ideas de como deben ser las cosas. Y va a ser precisamente en la ficción sónica, en el futurismo que el sonido permite, en la mitología acusmática, donde aparecerá esta ciberanarquía de un Medellín hecho de nada más que voces, timbres, resonancias, canciones, discursos y rimas. Nada que ver, nada que tocar, solo oídos. Una Antioquia invisible, construida en las comisuras de la resonancia, propia de una ecología oscura, acusmática, inmaterial, donde se refleja un estado propio de las cosas de nuestro tiempo, evidente en este territorio ambiguo, mestizo, pretendidamente innovador, progresista, industrial, comercial; y al mismo tiempo mineral, enmarañado, contaminado, no solo en las comunas que tejen el territorio sino por las instituciones mismas, donde la corrupción se cuela por donde pareciera no caber.

Los agentes de la Máquina operan principalmente en el día, aunque también se las arreglan para invadir la noche. Mediante formas sónicas fuera del rango audible, pero también mediante radios, televisores, computadoras, rumores abiertos o datos entre dispositivos móviles, nos siguen invadiendo de señales extrañas; pero al mismo tiempo, bajo un puente entre Sabaneta y Medellín, sucede un modesto baile de negro. Ritos extraños en medio de templos del capital, con una búsqueda de liberación que se manifiesta en la ruta estética de la escucha para pensar, para bailar, para ser. La dinámica nocturna plantea otras variables en la ciudad, o quizás hace más evidente que la ciudad misma es variable.  Aquí la ley es realmente un resguardo para el que aún considera que el territorio está asumido bajo fuerzas institucionales que salen en el directorio telefónico, y no por las redes bajo tierra, en capas invisibles de la materia y bajo normas que retan la gravedad y la sustituyen por la sonoridad. Sonoridad como oportunidad de viaje intracultural, donde el mestizo es más libre en su condición al no necesitar de los figurines del racionalismo materialista. La consecuencia más evidente es que el día y la noche se intercalan para mostrar una dimensión siempre nocturna, atada a la materia, donde se encuentra poco que cantarle al ojo.

En nuestro territorio esa dimensión oscura, que desconoce lo sólido, se revela en una atmósfera común, espacio habitable, ciudad intraterrena más allá de la superficie. Y ese Medellín del futuro se hace presente en la noche acusmática, bajo la tierra; un Medellín  críptico, esotérico, difícil de encontrar ante los que solo juegan a configurar la ciudad que quieren los vástagos de la Gran Máquina. Así el rap se consolida como el género por excelencia, el techno abre espacios fugitivos y subrepticios bajo un puente o en alguna bodega ilegal, como excavando un Medellín de nadie dentro de esa maraña de aparente innovación que nos venden como ciudad de todos, pero no es si no selva en la que caminar es siempre insurgencia. Y entonces los raperos se dedican a producir, y componer, como los nuevos escribanos del mestizo tras el antropoceno, como los cronistas de una tierra poco más que especulada, más bien oscura y llena de grietas. Un espacio donde hay poca luz, pero por eso precisamente mucha escucha cruda y abierta, con lenguajes llenos de posibilidades que resultan en máquinas reactivas, militantes, capaces de establecerse como vías de comunicación cibernética. Por eso sucede principalmente en la red, entre redes, en mensajes, en fugaces impulsos que transmiten en el éter un código extraño que nos permite vivir otro Medellín. La ciudad del futuro es entonces la que suena en esas dimensiones profundas. La que se baila en la noche, la que se rapea en las calles, la que se abre en cada festival nuevo que ha venido llegando a la ciudad. Para conocer el 2018 basta escuchar el 2017 de Medellín y programas aledaños. Un rapero de Turbo que rapea en el Poblado, un encapuchado de Medellín que dispara frecuencias en Bogotá, un improvisador de Envigado que conquista el mundo, un urabaense en la ciudad del pecado, un mago de San Antonio debatiendo en la eterna primavera, unos amigos de Aranjuez conquistando la región. Hay demasiado, escuche:

30: J Balvin – Mi Gente

Que no es de acá sino, más bien un híbrido de otros lugares, está bien. Pero el chamán que la conjura es oriundo y orgulloso de estas tierras, como de su gente, a quien le hace un tema que abandonó formatos y explotó a causa de una impecable forma de entender la industria musical. Mi gente es un paradigma, por muchas variables: su dimensión ideológica, donde no se habla de azotar una mujer contra la pared, sino de empoderar a la gente al reconocimiento mestizo; su dimensión futurista, hecha en el sampling, en la reutilización de un mismo bucle en el tiempo, en la robotización de la voz y la microsónica edición; su popularidad, con miles de millones de reproducciones, de repeticiones incalculables en cientos de lugares del mundo, todos diferentes, todos la gente de un mismo cantante. Además la canción como tal replantea la idea del álbum o el sencillo como polaridad predilecta del músico de hoy. J Balvin no produjo álbum en 2017 y más bien, entre la excusa de continuar el tour de su anterior ‘Energía’, se dio a la tarea de navegar en el sencillo y trascenderlo; en el caso de Mi Gente reciclando el sonido para hacerlo aún más viral mediante posteriores remixes con voces con tanta amplificación como la de Beyonce. Es como si en su forma de proceder existiese una estrategia sónica sin competencia, nacida entre el freestyle de calles antioqueñas y cultivada entre cualquier cantidad de obstáculos que ha tenido que sortear el artista para alcanzar el zenit . Y así pasar de canción a bomba sónica, esparcida por todo el mundo de una manera inigualable, expresando la resonancia de la globalización y el mestizaje, aunque no quedando claro cual de ambas reina finalmente el espacio cibernético.

29: Rap y Hierbas – Skunk feat. El Jose

En algún punto la tradición del poeta antioqueño que antaño nos legaron los grandes pensadores de nuestras tierras, debía ser actualizada. Aunque en general en el rap local podrían encontrarse estos rasgos de contemplación, observación, reflexión o crítica que otros tiempos se presentaban en hojas de papel o servilletas, no existe una voz que permita lo que el Jose alcanza. Su reminiscencia constante, su estado de permanente pero intrincada confesión, y su reflexión a la deriva pero con la sabiduría del caminante; su exploración de diversos contenidos siempre anclados en una reflexión que busca lo existencial, y que aunque bosqueja el nihilismo en algunos pasajes, se mantiene fiel a una forma esperanzadora de lucha personal. Así, sobre una base bien aprovechada se puede entonces reemplazar el ego trip por la sinceridad, y la comparación con otros se puede dejar a un lado para permitirle a la observación habitar cruda el entorno, y así llevarlo al rap, y así cambiarlo en el rap, y así acabarlo en el rap.

28: Mabiland – El club de la pelea

Las nuevas voces femeninas nos predicen un Medellín lleno de posibilidades en la rima y la melodía, donde también nuevas referencias, desde la televisión y el cine, pasando por las ideologías y los momentos históricos, van abonando el terreno fértil del oído local, no necesariamente para sembrar lo mismo de siempre sino más bien para jugar con la alquimia del verbo y las estructuras musicales, de tal manera que podamos escuchar eso que es distinto porque es fusión; distinto porque se permite el mestizaje en la expresión directa que trasciende la rima para buscar el enganche melódico, la atracción tímbrica, el embrujo tonal. La fusión que acontece en Mabiland, donde la raíz se busca entre las máquinas y la contra-cultura cibernética, demuestra con creces este potencial indescriptible que tiene la música cuando se define como la posibilidad de declamar y gritar el mismo tiempo, conjugando la poesía de la cotidianidad en una propuesta radioactiva donde la voz femenina se emplaza en el sitio que le corresponde; y desde el cruce mismo que la categoría suele imponer, se abre un espacio en busca de otras rutas lógicas y manifestaciones donde se devele lo múltiple abierto, dispuesto a la frase justa, la rima audaz o el coro pegajoso. Mabiland es, efectivamente, una tierra, un mundo, un universo.

27: Magdalena – Dancing In Outta Space

Black Leather Rec.

La tradición del techno en la ciudad de Medellín ostenta una riqueza que ningún otro género se permite. Hay siempre nuevos movimientos, nuevos colectivos, nuevos espacios, nuevas rutas, pero ante todo, hay una suerte de gusto extraño por las raíces del género: maquínico y reactivo, futurista e invisible, con poca decoración y más bien al grano, más bien al sinte crudo, a la percusión hipnótica, el bucle exacto que, en tanto se repite sin cese alguno, rompe el tiempo para generar una dinámica que no es posible experimentar en la quietud, pero tampoco se satisface con el mero movimiento corporal. No, un techno así, como el de Magdalena, es como ella misma lo dice: es para danzar en el espacio sideral, para habitarlo mentalmente y dejar que llene de magia toda la coclea y no exista rincón algún del entramado psicofísico que no se permita la simbiosis de seguir un loop, de perder el conteo, de anular toda división entre la materia y el espíritu y permitirse la elevación onírica y carnal que sólo el techno más tradicional permite. Sentir al mismo tiempo que los pies quieren residir infinitamente en la materia pero los oídos logran trascenderla para surcar los inmateriales paisajes de una máquina sónica, como la que plantea esta productora que ojalá no deje pasar el 2018 sin un disco entero de su autoría.

26: Sr. Pablo – Black Market Feat. Luis7Lunes

Sr. Pablo es de esas voces de las que más se puede esperar en el rap local para 2018. Y podríamos decir lo mismo de Luis7Lunes, aunque con él sucede algo particular: es más acusmático, más invisible, menos tangible; pareciendo mero rapero de voz, rapero de oído, rapero de poca pose, aunque la tenga. Esperar de ambos la voz anexa a su ficción, y poco más que eso. Seguirlos escuchando en la sombra, sin combo predilecto y en la táctica de compartir con otros, como bebiendo frutos colectivos de la independiencia. Sr. Pablo sigue, single tras single, mapeando un territorio propio que le augura un nuevo mundo y lo expone cada vez más. Habrá por ello que seguir la cuerda y ver qué más logran vender en el mercado oscuro, a ver qué disponen en el Medellín subterráneo que bosqueja el mañana y donde la voz de Pablo es la de un músico de tradición: como salsero sabio, lleno de sabor y filosofía de calle, aprendida en el transcurrir inevitable y crudo del mundo. “Aprovechar todo que lo bueno cada vez más rápido se va.” L7L es igualmente asombroso, de los mejores raperos de la ciudad, sin duda alguna. Su voz siempre está tranquila, siempre está en su punto, como sugiriendo algo, como invitando al silencio y el boom bap de mera cabeza agitada, donde no es mucho lo que hay que agregar. Mejor darle replay.

25: Ruido Selecto – Latitud Pt.1

Un sampleo frenético pero fino deja asomar diferentes raíces musicales. De ritmos del pacífico hasta ecos del dub, armando una mezcla de figuras sónicas para el baile y el trance por igual, no solo por la psicodelia innata del filtro y el LFO en cada sintetizador sino porque se trata de un sonido que crea un espacio en el tiempo donde se puede comenzar a oír nueva música electrónica en la región. Una nacida de asumirse aquí, con algo de allá, sonando en cualquier parte. En esta pista Ruido Selecto promete un proyecto sólido que en la medida que se compromete por igual con el contexto cultural y las formas tecnológicas, logra proponer un espacio diferente en el cual podamos expandir lo que ya somos y llevarlo a otra latitud.

24: Dsum – Collage B

Hay que saber de alguna forma cómo en la ficción sónica es posible trazar rutas para salir del territorio sin abandonarlo por completo. Surcar los continentes no es tarea fácil para la materia, pero en el sonido es una cuestión del día a día. Por eso es posible entrelazar movimientos propios de otros momentos pero capaces de trazar lapsos futuros, donde dejan de distinguirse las fracciones del tiempo para más bien buscar un mestizaje del día y el eón. Para ello Dsum propone una pócima que toma algo del dub, algo del house, algo del techno, ritmos africanos, percusión latina y una constante textura inter-galáctica que le permiten expresar un rito avanzado en la montaña distante, dentro del imaginario de la densidad tropical. Desde la fusión de formas, de la hibridez en su expresión rítmica, donde se las arregla para aparecer en los mundos de lo que supone ser un netlabel, pero se hace tangible en vías del objeto físico. Sale así en la materialidad la firma de quien vendría siendo uno de esos productores que saben mantenerse en una escuela que no logra ser vieja, tampoco pretende la novedad, sino más bien fidelidad a una escuela del sonido grueso, de la pista caliente, del surco que inevitablemente termina girando en un recinto donde se convoca al baile sin más.

23: Saail – Lord of the waves

Si hay algún instrumento encargado de reflejar la eterealidad de nuestro tiempo, es la guitarra, siempre dispuesta al reto de trascender la mera multiplicación de armónicos para cumplir un rol distinto y crear espacio, tan hondo como se guste, capaz de recibir tantos sonidos como impulsos tenga el corazón, tantas revoluciones de la existencia como formas presente la distorsión. La mecánica de Saail en Lord of the waves parece una consideración doble y paralela de los procesos naturales condensados en la electricidad sónica, de donde finalmente brotan espacios abiertos y tranquilos, sin por ello dejar de permitirse la reacción que sólo sabe pintar lo que se sabe disonante. Semejante oscilación no impide a la banda dejarse llevar por el eco y la resonancia extendida, por la repetición profunda de patrones que son un hábitat perfecto para voces diluidas en el viento como formas de una ciudad distante, entre lenguajes, entre idiomas, entre tenues situaciones que dan lugar a un sonido especialmente confeccionado desde varios intercambios en el puerto y ante el cual es inútil dilucidar si lo externo o interno de la condición creativa, porque íntimamente ya cultivan un rock que sónicamente implica tanto ruptura como consciencia por el contexto local.

23: Bobby Marleni – Sexy Sexy

Bobby Marleni es una de las figuras más interesantes del house local. Conocido también como M.A.L.A o Mauricio, este bien conocido DJ y productor de la escena electrónica paisa, nacido dentro del colectivo Series, de gran actividad en el sello Monofónicos y con una sensibilidad especial por el buen bajo, la voz burlesca y la luz de la pista de baile, logra siempre configurar un sonido que se adhiere a diversos linajes del house, logrando no tanto un sincretismo sino una versatilidad para recorrerlos, de tal manera que la emoción y el alma que expresa el house en su amplia dimensión, se entrelace para armar diferentes oportunidades del movimiento, del ritmo, de la melodía o el espacio entre beats. Por ello en canciones como Sexy Sexy, alcanza un house híbrido, que se adhiere al disco, al bajo y formas tradicionales de lo rítmico, pero solo como excusa para diseñar un plan que solo es posible ejecutar en ese momento del baile que necesita finalmente algo de swing, voces en cíclico sampleo y una exploración de la pista que no tema ir a las raíces para desde allí proponer una sensualidad que únicamente el house se permite condensar y que la Medellín de luces apagadas bien sabe degustar.

22. J. Balvin feat. Bad Bunny – Si tu novio te deja sola

Algunas veces uno se encuentra las mejores muestras de nihilismo en los espacios que menos se imagina: en un parlante distorsionado que forzadamente pone el vecino; en una canción que suena entre cercanos; o en un simple bus. Hay métodos de aislamiento quizás, pero suelen ser mecanismos sonoros para abrir puertas a más señales, como unos auriculares, por ejemplo. La actividad sónica del ciborg tiene entonces una constante dinámica de espionaje e invasión de la dimensión acusmática y su trasgresión en el caso de Si tu novio te deja sola, se deja ver mediante el cuestionamiento de la moral “vigente” o al menos en la tendencia mutante de la escala de valores propia de nuestras formas actuales de proyectar un mundo de relaciones, objetos, intereses y prácticas. En una letra que se alimenta de discurso capitalista, colonial y machista, se exponen a su vez muestras de sarcasmo, relajo e irreverencia. Lo salvaje y lo cómico dependerá de la literalidad del caso, el cual depende de la escucha y sus maniobras. Cada quien verá lo que alimenta, de lo que se ríe; si solo baila o se concentra, o ambas, o ninguna. El dinamismo futurista de Balvin es explícito, viajando en sintes moldeados de una forma inusual que le abren paso a esa voz de aquel que haciendo de conejo, reclutó en 2017 un ejército de raciones de auto-tune explotadas para contener la voz del ciborg, y representar así a tantos en esta sociedad donde en soledad somos tan otros y donde, por más ritmo que haya, siempre habrá máscaras que no gustan de bailar. Afortunadamente, porque una guerra con bombas sónicas sin bunkers bajo la tierra o ciudades intra-terrenas donde resistir las señales de la Gran Máquina, no lograríamos sobrevivir. Eso sí, cada quien verá cuales son las esquirlas que quiere recoger.

21: La Gra$a – Boom Boom feat. Luis7Lunes

Confusiones, dicotomías, perfecta reunión, inigualable aquelarre. Conjunción psiconáutica, metiendo la calle en el estudio y usando este último a su vez como un prototipo de nave espacial, donde nada más que los oídos y el boom bap sirven para sortear semejante ingravidez. Es una bomba sónica de moderada expansión y más bien pensada en perforar bajo la tierra que en causar grandes estragos en la masa miope. Es como un estallido que puede ser molesto para algunos, como un taco bajo alguna alcantarilla en algún diciembre. Sus protagonistas están acostumbrados al furor de pistas semejantes pero hay algo particular en esta reunión de temáticas, de voces, de singularidades que van haciendo del lenguaje un intercambio constante que no genera sino fábula y permite el frenesí resultante del mero rapear, de serle fiel al formato crudo, grueso, grasoso. Las líneas de cada uno tienen más de un momento para asombrarse y los cortes presentan un estado intermedio entre la limpieza de un beat seco y directo y el mugre de un buen loop fruto de un reciclaje sónico siempre afortunado. Las voces, por su parte, siguen el algoritmo habitual que acostumbran en su individualidad pero reúnen colectivamente una incomparable muestra de intercambio local. Granuja inigualable en el vaivén fonético-conceptual, L7L elemental en su forma ausente de presentarse; Mañas en el borde de su trance cantando la nueva salsa, Métricas Frías en su zona de confort conjurando metáforas en los segundos; y CMR, en silencio esta vez, ocupado en pilotear la nave que bien ha sabido diseñar, abriendo, como es habitual un espacio exquisito que incita la rima más inusual, y a una métrica que solo su ritmo es capaz de estimular.

20: Knives – 4334

El post-rock en Medellín ha tomado cierto tiempo en aclararse. Aunque aún puede ser temprano para hablar de él, ya existen proyectos lo suficientemente sólidos como para darle atención a la posibilidad de apuntar a nuevas condiciones de la distorsión y el eco; donde sea posible hablar de la realidad en estratos más básicos, más elementales, desprendidos de la pretensión de la estrella para buscar el mecanismo bajo la tierra, el impulso salvaje, la indagación en el dolor, la vivencia de la incoherencia. En 4334, configura Knives un singular método de romper la guitarra sin soltar la melodía, buscando la disonancia en el impulso sutil dentro del ritmo, como si la canción respirara, como si se quisiera mostrar más bien un estado de latencia: un meditabundo deambular de la conciencia que se sugiere como un espacio para la catarsis de quien sale a dar un paseo por la ciudad nocturna y se encuentra de repente con los velos intangibles de las formas sónicas más elementales que la habitan. La pasión, la alucinación, el momento hipnagógico y los figurines de la melancolía. La violencia suave, el sueño de una luz, la pérdida de control, el choque de las formas. Hay en Knives una puerta que más vale no cerrar, porque no hay otra por donde circule aire semejante.

19: Lu Zero – Montañas

Con el devenir de estímulos y el cruce de posibilidades instrumentales, nacen rutas musicales que bien podrían ubicarse dentro de algunas tendencias presentes, pero que  al mismo tiempo se pueden establecer como búsquedas en las que más allá de pretender un género específico, se cuelan otras formas en sus nichos personalizados, con la hibridez que implican los métodos actuales de fusionar sonoridades y personalidades por igual. Lu-Zero se perfila desde allí, de paso presentándose como una de las primeras revelaciones del 2018 en la ciudad. Con el sencillo Montañas de su álbum Canto Rodado, primero de su carrera y primero del colectivo/sello Nótt, se deja ver una voz en nacimiento, llena de matices y figuras sutiles. Dinámica sónica capaz de explorar estratos de la emoción y la imaginación al mismo tiempo, con imágenes poéticas que permiten divertirse con seres que habitan el territorio. Canto Rodado será una de las primeras muestras de lo que surge al combinar la magia y el valle en una mística de las voces del lugar y el sintetizador.

18: Las Nadas – Atrapasueños

Si no es tanto una cuestión de asumir el universo, sino un multiverso, entonces pensemos que no hay una nada sino varias. Y pensemos que hay músicas diferentes en esas nadas, como si se reunieran absurdos de todas dimensiones y galaxias para dialogar en vías nunca antes así pensadas, y por supuesto, superiores a cualquier racional humanoide. Y entonces nace del absurdo una comedia inigualable. Filosofía entre bromas, ¿o la filosofía como broma? Acidez, crítica y risas dentro de las metáforas, dando lugar a una concepción del humor lo bastante original como para valerse de lo musical al punto de ofrecer una ficción en la cual la ironía, el desprendimiento de la pose y la ausencia de cualquier pretensión extramusical o excesivamente forzada, es rechazada para dar lugar a un rap fresco, honesto y tranquilo que se ingenia una alquimia de payasadas en un laboratorio eidético. Atrapasueños es quizás le mejor muestra de un safari de términos semejante que trasciende la dicotomía de lo cuerdo y lo insensato, para permitir la posibilidad de pensar un mundo fuera de esquemas tradicionales, y en vez de ello ligado al simulacro realista y la caricatura inteligente. Las Nadas juega con sus marionetas para construir el drama de una mente que quiere responder a las preguntas más profundas, al tiempo que se burla de cualquier hondura. Nihilismo cómico, eterealismo paisa en toda su expresión. Rap experimental en una forma que no podría sino salir en Medellín. Como su atrapasueños, Las Nadas se riega a conectar todo aquello que se le aparece en su fuga hipnagógica y entonces trasciende cualquier sentido para construir, imagen tras imagen, una espacio filosófico que no se olvida de la sátira. Y es que no puede haber una movida musical digna sin un fauno que anteceda momentos en los que, aún cuando nada parece tener sentido, aparece la risa entre las montañas.

17: Doble Porción & Crudo Means Raw – Acetona & Acetatos

Expresión perfecta de una estética post-narco, reunida por los tres reyes de su expresión, capaces de trazar una ideología siempre entre líneas, fundida en rimas siempre evanescentes, por lo general psicodélicos en la lírica y embriagados en un beat que pretende movimiento, que busca un sabor extraño en las dicotomías de la vida. Mañas crea la nueva salsa, Métricas Frías disuelve toda una generación y Crudo Means Raw se explota en el retrato de un Medellín que se va sugiriendo entre escotes, gramos, calles, preguntas, historias, momentos. Es un devenir constante de elementos suficientes para hacerse una idea del mundo sin dejarlo en un mero impulso intangible, para sacar un provecho narrativo de la ficción sónica y desarrollar la nueva fábula: que se busca no sólo en la gramática extraña de los artífices de la película, sino también en la competencia fonética y la métrica pulida como balín, dando lugar a un flow inigualable, oriundo de un valle cibersónico que entre excesos y virtudes, se va llenando de historias que escupe en rap. Pista sencilla, crónica directa, narración de una Colombia enmarañada en sus trámites, pero ávida en aprovechar las grietas de todo intercambio para acordarse de la alegría de celebrar.

16: Granuja – Sin City

Es enigmática la forma como logra Granuja conjurar un Medellin inverso, dicotómico, un espacio que se pretende nuevo y solo es fachada de la fachada sin espejo. En esta canción se deja ver especialmente la habilidad que tiene el MC para expresar una bien sabida técnica de exploración lingüística que presenta el hip-hop: el juego geométrico con la polisemia para hacer uso del contraste, la separación, la relación o la disparidad de posibilidades de un término. En esto es particularmente interesante la inclusión de referencias a la cultura popular, de tal forma que se configuran capas de sentido que conscientemente se encriptan dentro de ciertos modos de comprensión del mundo. Y entonces el discurso del rap aprovecha lo musical para hacerse más entretenido, algunas veces pareciendo usar la melodía y el corte no solo para crear bases donde se sostenga la música, sino formas sónicas que sirvan de firewall. Así la ideología se plantea realmente entre líneas y la ciudad misma se explora desde la escucha que se desprende de una sola manera de concebir la canción para acceder a la multiplicidad narrativa y la riqueza que permiten las múltiples frases dentro de las frases. Se comprime entonces el sentido de las cosas y en menos tiempo, bajo un monólogo hipnótico, se aparece en la ficción sónica una Medellín incluso más real que la del concreto de esas calles faltas de pecados porque ya los conocen todos.

15: Rap y Hierbas- Corinto Feat. Zof Ziro

Zof-Ziro tiene el impulso político que tenían los poetas del siglo pasado en esta tierra, ese de siempre saber decorar la palabra, esconder el mundo en la metáfora o ser directo y claro cuando se trata de los retratos de lo que se ve. ZZ busca en su clarividencia un monólogo que se propone así, social y político, pero logra pasar sin las manchas de lo explícito para esconder otros sentidos en la literalidad de los casos. De esta manera logra dejar la mayor parte de su espacio abierto a las posibilidades que halle la imaginación acusmática interna: en lo que se dice detrás de lo que se dice, en los cantos que solo parecen oírse cuando se logra una atención semejante a la que parece tener el MC a la hora de pensar el mundo. Pro también el coraje de su táctica cuando se trata de decirle al mundo qué pensar, o cómo dejar de hacerlo; quizás para revolcarlo, quizás únicamente para que vomite su basura, quizás para elevarlo más allá, a esa nube que a ratos pareciera solo conocer su mente. La base de Corinto tiene suficiente fondo como para continuar la lógica de la historieta de Rap y Hierbas pero sin duda Ziro agrega algo propio de su página. El olor de su tinta, tal vez, o la mirada que posa en algún objeto de Ziroshima. Da igual: su forma siempre tiene algo de nuevo y permanece como una impronta inmaterial, cosa que es difícil encontrar en la dimensión audiovisual local, donde tantos solo parecen repetirse y no pasan sino como ecos sin huella.

14: Verraco – Thar She Blows

Insurgentes insiste con su mandamás en ser la promesa del nuevo techno local, tejiendo entre Medellín y Bogotá un puente subterráneo, un túnel similar al que ostentaban los capos de las ciudades de las anteriores décadas, heredando la tradición del arriero pero para transportar mercancías ilícitas que se traducían en granadas que terminarían por explotar Medellín. El arrierismo futurista de Verraco se planta a contra-cara con estas formas anteriores de la fiesta y la hipnósis para acercarse a una respuesta sónica donde la mercancía es siempre misil que destruye las redes de la Gran Máquina de manipulación de las conciencias. La estrategia aquí es la resistencia y la búsqueda de un nuevo sonido, que en el segundo EP del artista se expresa como una experimentación única sobre formas tradicionales que buscan el futurismo entre la melodía, el ritmo frenético y la variación abrupta de la estructura. Thar She Blows es una obra maestra de la electrónica local, una oda perfecta a la distopía paisa, al que dejó la mula y la cambió por LFOs.

13: Anyone/Cualquiera – Motherno

El rap es confesionario, telediario, forma de vida, espacio filosófico o mero templo del hedonismo más inocuo. Pero entre todo ello, quien busca la transparencia se ve buscando entre los visos de la Gran Máquina, una que otra oportunidad, aún cuando el sistema sea agreste con una forma de vida como la que un rapero quiere adoptar. Porque no es un trabajo considerable dentro de la industria donde hay más ingenieros que poetas y donde estos últimos parecen ser a veces engendros extraños que no pueden participar en el engranaje del mundo, para ver que los minerales con los que se construyen los pistones, están hechos de delirios más instantáneos que la poesía. El rap es en esos términos un espacio de construcción, donde el lenguaje y los recursos literarios, retóricos e ideológicos se convierten en la posibilidad de estremecer desde la narración neutra, como un medium que no cobra más que una escucha, para tomar por un rato la atención de la mente oyente y mostrarle una situación que no será ajena a muchos, especialmente al que apuesta por hacerse la vida en la música, dentro de un mundo como el que nos toca. Es entonces una canción de cualquiera para cualquiera, como un juego de espejos, como si hablar en raps se convirtiera en una forma de otorgarle a otro la oportunidad de decir lo que no ha pensado antes. Por eso puede ser cualquiera, cualquier obrero, cualquier empleado, cualquier ficha, cualquier ninguno. Todo el EP en el que se incluye esta canción es asombroso, pero esta confesión, a su madre y su consciencia, en la mañana pero con luna, con los bolsillos vacíos pero las cuerdas vocales a reventar, es sin duda una joya de pensamiento musical local; por ser capaz de contar el comienzo del día de muchos y la carrera de los días de tantos, por el constante trasteo del impulso al tacto, por el rito del rap expresado sin falla, por el gesto puro y desprendido, por ser un cualquiera entre tantos que pretenden ser alguno.

12: David Escallón – Ingrávidos

Aunque son pocos los artistas que publican ambient en nuestra zona local, los hay, y poco a poco van logrando expandir su sonido a rumbos exteriores donde se demuestra esa idea central en el ambient de hacer una música de fondo, sin lugar, y más bien presagio de la eminente hibridación y eterealización de lo que creíamos tan fijo, tan material y tan real. Es de esperar en el futuro nuevas voces y ver como las que ya resuenan, van tomando vuelo, como la obra de David Escallón, artista sonoro y visual que ha venido desarrollando en la ciudad una obra donde la ecología, la especulación en la escucha y el tratamiento material del sonido, permiten diseñar espacios de contemplación y encuentro, donde no solo aparece la materia siendo nada, sino que esas formas que parecen nada, se vuelven tangibles. Y entonces el intersticio: y entonces ingravidez, y la suspensión y el espacio sin más que un mundo de la escucha. Esta pieza incluída en el álbum Objetos y Hábitas publicado en Nova Fund, México, es una poesía sonora que raras veces se escuchan nacer en el valle de Aburrá. Paisaje sonoro mezclado con el más fino onirismo, diseñado a partir de granos, drones, nubes y otros artefactos microsónicos, todos orbitando como puntos de una galaxia indefinible, donde los entes de la escucha aparecen en realidades propias y el paisaje sonoro deja de ser el ensamble de sonidos de las cosas, y pasa a ser más bien todos esos objetos que nacen al oír y construyen una realidad adual donde la sustancia es tan legítima como una cosa dura, pero tan volátil como una cosa inmaterial.

11: W.I.R.E. – Rapid Eye Movement

Parecen caras un artefacto extraño traído del mercado negro de una civilización de otra galaxia, pero son realmente dos lados de un bello vinilo de 12″ publicado dentro del sello español Grey Report y creado en el anonimato, por una sombra danzante que no tiene mucho que mostrarle al ojo pero sí guarda insospechados mundos en la experiencia acusmática. En Rapid Eye Movement, canción homónima del disco, se conjuga la estrategia cosmonáutica de un artista que representa sin lugar a dudas una nueva manera de sonar en la ciudad, de forma más cruda y desprendido de la imagen para así posibilitar la ficción sónica como una especie de hipnosis aural que aunque conserva el espacio sideral como su destino predilecto, se ancla en el culto mestizofuturista y andrógino en el que se busca un estilo de techno respetado y cultivado en Antioquia y capaz de beber de las bondades del velo material para tejer una identidad incógnita en la que se bate un espacio único, un lugar donde los circuitos de los sintes y las cajas de ritmo dan paso a una magistral pieza de arquitectura sónica que parece basarse en una geometría solo conocida en sus reglas elementales por unos pocos. W.I.R.E. es una grieta ejemplar en la construcción de un sonido propio dentro de un género en el que no es sencillo innovar, en tanto hay que mantenerse en una idea básica que lo sustenta. En Rapid Eye Movement no hay problema alguno con saber el bucle industrial y la órbita mental que soporta el techno cósmico y al mismo tiempo permitirse una transgresión del estilo mismo para aportar un nuevo sonido a la ciudad.

10: Granuja – Ningún Lado feat. Rapiphero & DJ Dmoe

El scratch de una leyenda como Dmoe completa el trío de genios que trazan las nuevas rutas del rap local en Ningún Lado. Exquisito futurismo, como lo que va después de un lugar sin gente. Post-crítica, rap avanzado, lleno de rutas como posibilidades interpretativas, como un algoritmo complejo dentro de otro más complejo, como un kernel del Medellín cibernético, una oda a la fantasía de la información en la que es posible ser de aquí y de ningún lado, abrazando la identidad y la diferencia en un mismo juego irreverente desde el sabio uso de la metáfora y sus límites. Arquitectura hip-hop como ecléctica y oscura al mismo tiempo, armada por los que son fácilmente dos promesas del nuevo rap en Español. No es mero orgullo local sino pura evidencia. Esperemos el álbum de Rapiphero este año para comprobarlo, porque Granuja ya lo hizo en 2017 y seguramente lo mantenga. Sin duda representan la grieta del rap donde nace una nueva ola, críptica, erudita y psicotrópica, adherida al sampling directo, a la rima inteligente, adeptos al boom bap académico, que sabe el perfecto equilibrio entre la calle y la hermita, entre el núcleo del sí mismo y la reacción a la Gran Máquina, resultando en una pose sobria y actitud dirigida a una profunda algoritmia musical que es de esperar estalle hacia el subsuelo en 2018.

09: Vic Deal – Cambio y fuera

El arkeologo le abre espacio al rapero más serio de la ciudad. Serio no por mala gente, sino de hecho por todo lo contrario: por ser persona ante cualquier cosa, por reconocerse sobrio, honesto, directo a la vida sin tanta distorsión y más bien atento a sus formas en la alta vigilia, que no deja de lado la posibilidad de armarse una ficción personalizada. Vic Deal es como ese viejo sabio que sin necesidad de poses, de drogas, de máscaras, o frases excesivamente complicadas, se sienta en una silla a observar la faena del mundo al que juega una ciudad en la que es forastero pero a la que conoce como quien pertenece a la faena que allí se bate. Su voz reúne la fuerza de un espacio tranquilo pero militante, claro y conocedor de sus tramas, firme aunque siempre listo para desplazarse de un lado a otro. De sólidas convicciones, de frases contundentes, de rimas siempre justas, de métrica aprendida de los grandes y de un timbre de voz sin duda especial para el rap. Vic Deal es hip-hop sin ego trip. Más bien un viaje, más bien una oportunidad, más bien la escucha de lo que somos más allá de la mierda con la que solemos tapar algunos paisajes de los días.

08: Retrograde Youth – We’re not humans anymore

La nueva ola de música electrónica de Medellín, aunque no es muy poblada, está llena de voces que realmente saben lo que hacen en tanto no se limitan a explorar la creación sin puntos fijos sino que se comprometen con la construcción de una escena que se arriesgue a recibir las influencias de otros patrones, de otros estilos, logrando de paso adquirir una estética con la propiedad del mestizo, demostrado por lo general en las selecciones que Retrograde Youth logra como DJ, pero también permite plasmar en su producción. Su concepto, su música, su idea en la pista y su manera de organizar la sonoridad representa lo que muchos de su combo cercano demuestran: hay nueva música en estas tierras y no por simple variación de géneros o estrategias extrafalarias, sino por expresar un impulso del momento, una forma que solo se viene a dar hoy, porque ‘ya no somos humanos’ sino entes cibernéticos en busca de un baile nuevo que nos deje volar libres.

07: Federico Goes – Nubes

“Somos como nubes en el tiempo”, atravesando la vida como seres volátiles, como olores, o sonidos. Vivimos una ciudad llena de la mezcla constante de lo más etéreo, lo ya disuelto e incongruente, con eso industrial, eso móvil, eso sólido. Cada día Medellín parece una y muchas a la vez y en ciertos ratos, en el justo punto del sol, en la configuración más precisa del azar de los respiros, surge la música para escudriñar los momentos, beberse las fantasías de la civilización y disponerse a eso que tan bien se sabe hacer por estas tierras: flotar. Como una escucha, como una burbuja, como una nube. Flotar y ser como esos entes del cielo, que entre la ciudad se baten la vida. Nubes es exquisita poesía que por igual en las cuerdas de la voz y en las de la guitarra, logra capturar la melancolía del horario, el compás del trabajo, de lo efímero de las rutinas, contrastando cada elemento con una suerte de escape sónico a esa esquina de la escucha donde se confeccionan mundos generando con sus ritmos un maravilloso contraste de formas que recorren el continente en cada riff. Su música nace de formas etéreas que se cuelan en la materia misma, algunas veces solo para observarla, como gases que pasan silentes y dejan el tiempo suspendido en ningún lugar. Goes es voz del tiempo, es cosecha de un oído, que deja de ser mera novedad y se convierte en una tradición en sí mismo.

06: Zof-Ziro – Fatality

Si existiera un movimiento extraño como el neonadaismo, sería entonces Zof-Ziro su poeta por excelencia. Su rap es como imaginar a cualquier maldito deambulando por el área metropolitana, en busca de una tierra sin nombre, situado en el nihilismo moderado de nuestros días efímeros pero al mismo tiempo capaz de rondar los crudos callejones de una cotidianidad tan directa que se vuelve no solo una gran Nada, sino una puerta a cualquier cosa, en un reflejo de la comedia que todos cargamos en el día a día de este teatro-mundo. La obra de Zof-Ziro se construye en una ciudad que él llama Ziroshima, y su bomba se arma básicamente de un rap mental pero popular, abstracto aunque lleno de referencias y claves explícitas. Su fórmula expresa a la perfección la rima polisémica que teje una narrativa múltiple para encontrarse con una ciudad imaginaria, al tiempo que confisca elementos de la realidad que le permiten una indagación abierta de lo real en estado crudo. Se reúne en Fatality todo lo que bien sabe hacer ZZ, en su métrica, en su irrealidad, en su estroboscopio de frases, donde el sentido aparece tan escondido como un diablo que deambula solitario para narrar el drama de algún Medellín. La pista es asombrosa y la letra, expresa un ente que al tiempo de encriptarse para ser un sujeto extraño y singular, se abre para servir de exposición de la juventud paisa, que con el hábitat que le dejó el pasado milenio, la psiconáutica cosechada con los días y la realidad de la información que llega de todo lado a ritmos incalculables, se arma un rap filosófico, complejo, lleno de tantas referencias, posibilidades y sonidos como ningún otro MC de la ciudad logra contener.

05: AlcolirykoZ – Género Rural (con Rulaz Plazco)

AlcolirykoZ son la biblia del rap antioqueño, capaz de identificar un sistema amplio de referencias, palabras, formas, como revolviendo la tradición en su propia ilusión. Rap rural, limítrofe, solo entendible por esos que se quedan formando una ronda alrededor del culebrero hasta descifrar que el truco está en la serpiente y no en la carreta. Pura crónica paisa, puro espacio colectivo; familia hecha en el rap. Buena energía, inclusión, espacio abierto y no urbano, de vereda. Rap campesino, arriero, felizmente montañero, con el ímpetu paisa y la mirada en todo el planeta. Con los ojos en Colombia, con la letra en la tradición pero el sentido en el futuro. Este trío de arlequines tienen en su más reciente disco un sin fin de bombas sónicas dignas de estar al lado de los cantautores del pueblo entero. Son el puente perfecto entre la escuela anterior del rap paisa y los nuevos movimientos que apenas despegan. Son graciosos, tienen una energía que no ha logrado antes un grupo de raperos acá, mueven gente de cualquier municipio, tocan en cualquier parte y su música se distribuye como arepa en una tierra donde la supervivencia surreal hace mucho sustituyó el delirio de estar vivo. Cada personaje de AlkolirykoZ asume un timbre único, una métrica que solo ellos logran contrastar. Aquí sumados a Rulaz Plazco logran revolver en una sola sopa una incontable cantidad de referencias a la cultura popular, la tradición antiquioña, chamánica o sicaresca. Hay pujanza, hay machete, hay pueblo, pero en formas tecnológicamente nuevas, con voces grabadas, sampleadas o combinadas; con instrumentales que rescatan una nueva manera de reconfigurar lo que antes se limitaba a ser patrimonio y hoy es también insumo de la utopía inversa de un pueblo que se cree ciudad.

04: Danta – Volcanes

Danta tiene sin duda el mérito de ser una completa revelación musical para estas tierras. Sus formas anteriores y posteriores al rock, combinadas con la experimentación con el pop, el ambient o la vasta experiencia que tienen sus integrantes a la hora de tejer música electrónica, expresan un espacio nuevo, un sonido fresco, una música llena de un estado emocional que solo podrá asomarse en el sosiego de una voz absorta en el eco, donde múltiples géneros y maneras de considerar la música se articulan para expresar una música de futuros desvanecidos. De todo el disco Páramos, pocos estarían reacios a reconocer que Volcanes es el hit de la camada, el más hipnótico, el que mejor representa lo que sería un magistral trabajo del rock etéreo que se configura en una ciudad donde raras veces se escucha algo así. No temen a la distorsión como paleta de colores, tampoco a la reverb como encuentro de ecos inmateriales y se atreven a la dinámica propia del pop como retando la viscosidad de la escucha, permitiéndole servir de receptáculo de una geografía gaseosa pero mágica. Podría asumirse como una consecuencia temprana de un valle donde la eterna primavera se extinguió para lograr un vaivén más borroso entre el cúmulo de ecos que se oye en la cima y la textura propia de una distorsión que suena entre la tierra, naciendo así un clima único donde la nostalgia que la niebla oculta con respecto al pueblo que se desvanece, no impide el guiño de un espacio donde se pueda bailar otro mundo.

03: Rap y Hierbas – AK-47 feat. Rapiphero

Granuggio sutil en los beats y Rapiphero en el monólogo, como siempre: sabio, clandestino, tranquilo, sobriamente elevado, viejo como un dinosaurio pero del futuro. Todo hay que decirlo: él es el mejor rapero que pueda tener el idioma Español, sin duda alguna. Es la promesa de estas tierras, aunque no exclusivamente para estas. A él tienen que escucharlo todos porque habla de algo que le compete a todos, como un presocrático, como un rapsoda que pocas veces aparece entre los océanos del éter. Por su mitología que no escatima en fronteras, por su profundidad metafísica que no se olvida de la observación cruda de lo cotiano, por su metáfora que nunca pierde el realismo, por su ojo conectado al oído, por ponerle voz a demonios y demiurgos por igual, por admitir tanto las formas abstractas de la razón como las capacidades volátiles de la imaginación. Es rap complejo pero depurado en su militancia, rap erudito pero con toda la humildad en cada ecuación. Es música que pareciera resultado de varias vidas, donde se arma un profundo juego de arquetipos. Rap pensado, rap de lector, rap culto, rap de inteligencia cultivada, rap para explorar con igual intensidad el sueño y la vigilia. Su militancia es mental pero afecta los cuerpos como nada lo logra; su propuesta sónica futura será probablemente la defensa más contundente a las oscuras redes de la Gran Máquina. Rapiphero es un juego de capas: sentidos que se entienden mediante el lenguaje popular y la vida local, otros que se componen de la cultura del cine o la literatura, sumado a cruces de palabras seudónimas, polisémicas, utilizadas con doble, triple o incontable dirección. Hay frases de una abuela, de un niño, pinturas de Antioquia descentralizada, retratos de una Colombia sumergida en su propio antropoceno, o una sociedad perdida en un conflicto, que al mismo tiempo se dibuja  llena de la fuerza creativa que implica la reacción. Las capas colapsan de una forma que solo el escritor logra cantar y su discurso se siente como cuando el suelo tiembla previo a la avalancha.

02: Verraco – Mestizofuturismo

El manifiesto del mestizofuturismo no podría ser otro que un tema sin letra, hecho por un ser oculto tras una bandana, hijo de esa cultura de la milicia acusmática presente en otras comunas de otros pueblos, entre otras montañas y al son de la transformación que han implicado otras fábricas y otras máquinas que alimentan nuestro tecnológico Leviatan. Verraco es en ese sentido herencia de Detroit, de UK o de alguna galaxia lejana en otras coordenadas de otros tiempos. Se presenta como una especie de arriero inter-galáctico cuya misión pareciera ser la de asomar el mestizaje como epicentro de un momento cumbre en el pensamiento, la tecnología y el sonido, donde la resistencia al futuro es subversión con la utopía dominante. Y entonces la contra-cultura es oscura, oculta, anónima, acusmática, imposible de atrapar en la materia y contrario a ello, únicamente disponible en estados inmateriales de la resonancia. La estrategia de Verraco es por ello usar la materia como medio para su propia mitología, que se ve poco pero se escucha y se mueve como ninguna máquina de la Antioquia donde se supone, nacen estos ruidos de cielos foráneos. En la materia este mago electrónico logra tomar aparatos para sintonizar señales de desconocida distancia y conjugarlos de tal forma que puedan ser transportados en la mula, que en su caso es un robot. Y entonces haciendo alusión al obrero y la resistencia, al underground y la militancia, al mestizo y la vida andrógina, su llegada expresa el concepto y la ejecución directa de un universo ciborg que responde al movimiento psicofísico y reactivo de la música de nuestros tiempos y su maraña de rutas, aunque anclándose en una especie de techno mestizo, lleno de aristas, armado con pedazos de varios ríos, pensado para la absorción quieta o la pista de baile y al mismo tiempo sugerido como insurgencia ante la cultura nociva y el control absurdo dentro de la Gran Máquina. Música post-género, post-colonial, concisa en lo análogo y el mugre, capaz de explorar la dimensión conceptual de la música electrónica a partir de un acto en vivo impecable, una profunda pregunta por la identidad y una forma única de plasmar la herencia del vinilo para abrir paso a una exploración sónica íntegra que viene a ser expresión directa de la nueva ola de música electrónica que se gesta en túneles secretos habitados por los duendes de una caliente Medellín.

01: Granuja – Círculo Vicioso

Directamente desde los templos del humo incoloro de una ciudad sin nombre, acompañada de un video digno de la pieza, se presenta una voz que se hace llamar Granuja y aquí se manifiesta ausente de tapujos, escupiendo mundos como si no hubiera mañana, apuntando un resumen del Medellín del nuevo milenio, ciudad esclava de su pasado, llena de laberintos, arquetipo del pecado, de cartografía dicotómica y corrupta organización. Al mismo tiempo, y por obvias razones quizás, aparece como una ciudad paraíso, espacio para la más asombrosa psiconáutica militante, donde se conserva una mística de la competición que imprime en el rap crudo y nihilista: la fortuna de declarar lo que nadie ha dicho. Todo esto es recogido desde una incomparable habilidad del MC para conjurar el hip hop como plataforma fantasma de una ciudad que se resiste a ser definida y más bien prefiere encriptarse en rimas impecables, donde el lenguaje va y viene para tejer sentidos múltiples en cada palabra, de tal manera que en una sola canción se puedan dar referencias y explicaciones suficientes como para no solo imaginar algo, sino hacerse a la idea de lo que efectivamente sucede. Y entonces Granuja transgrede la fábula sónica para pasar a la crónica política, y va y viene en abstracciones que someten la razón a un juego rizomático que no termina pero se proyecta, como un resultado inevitable del alance de la escucha que se da como bomba sónica a modo de una magistral diatriba, la cual sirve a la vez de evidencia de esa ciudad que pocos quieren aceptar, así tal cual, sin innovación, sin utopía, sin nada más que su vicio circular. La canción es el augurio de un nuevo momento en una ciudad que explotó a finales del siglo anterior y hoy se busca como una incógnita ambivalente. El monólogo completo es oda maldita a la consciencia individual y colectiva de Medellín y su circumloquio, pero al mismo tiempo es una forma de demostrar la independencia de esa máquina-ciudad mediante la disciplina sónica que imprime el hip-hop en su lugar de trabajo. La pista es aquí el reconocimiento del fondo de esa ciudad extraña que ha armado al rapero, junto al aprendizaje con sectas provenientes de otras catedrales sónicas del mundo, donde la militancia del rap es inherente a su manifestacción como máquina reactiva. De ellos parece Granuja no solo haber aprendido el lenguaje que sustenta el hip-hop sino algo que pocos logran: ser hábil en el hip-hop como alteración original del lenguaje que permite otorgar otro sentido a la realidad y reconstruirla desde un modo crudo de hablar que a su vez se vale de la polisemia, el juego con la rima, la arquitectura del sampling, el espejo y la máscara que se refleja, la metáfora y la abstracción, la cultura popular o la universal, el lenguaje medido, las palabras más burdas del contexto local; todo converge en este artefacto que abre el disco de un seudónimo incapaz de pasarse por alto a la hora de considerar el futuro sonido de Medellín.

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